lunes, 2 de septiembre de 2013

Pequeño relato: Mi regalo

Para todas aquellas parejas que a pesar de los años consiguen mantener la pasión.

Mi regalo


Mmmmm ¿Qué es ese ruido? Ya sé, es la alarma de tu móvil vibrando ¿Ya son las 7:00? No dormimos mucho anoche...siento frío en mi espalda cuando te giras hacía la mesilla y acabas con ese fastidioso sonido. El colchón sube y escucho como caminas hacía el baño. Suena la cisterna y el sonido de la tapa cayendo me sobresalta. Te asomas a la puerta seguramente esperando ver mi mirada de reproche (después de tantos años me conoces demasiado bien). Pero me hago la dormida y te observo a través de mis pestañas. Tu cara refleja claro alivio y ahora te miras al espejo. Sólo llevas el pantalón del pijama a rayas de distintos tonos de grises. Sonrío porque recuerdo que la camiseta negra a juego la llevo yo puesta.

Haces un reconocimiento exhaustivo de tu barba levantando el mentón y rascando con tus dedos por tu cuello y mandíbula. Por favor, no te afeites...me encanta como queda esa barbita de tres días con tu perilla. Luces muy atractivo con ese look descuidado, aunque siempre me recuerdas que luego soy yo la que me quejo porque raspas y me irrita la piel cuando me besas. Bien, veo que pasas del afeitado. Vuelves a mirarme y cierro los ojos y a los pocos segundos  los entreabro con cuidado ¿Dónde estás? Escucho el agua de la ducha correr. Vuelvo a sonreír recordando las veces que hicimos travesuras en ese espacio tan minúsculo. Nos las apañamos bien. Estoy a punto de ir a por ti, todo mojadito y oliendo a gel. 

El sonido de la cascada de agua cesa y pienso que ahora tendré un buen espectáculo privado. Mierda. Te has puesto una toalla rodeando tu cintura. Hago pucheritos pero me concentro ahora en tu torso. Sabes cómo me pone esa imagen. Había hace años un anunció que recreaba esa estampa maravillosamente y a la chica del anuncio se le dilataban las pupilas ante el chico semidesnudo. Mis pupilas ahora mismo deben de haber eclipsado todo el iris de mis ojos.

Recuerdo como de muy jovencita decía que me gustaban los chicos depilados y que nunca saldría con un hombre de pelo en pecho. Cómo me río ahora de aquello. "No escupas para arriba que te cae encima", que verdad es. Decimos tantas tonterías a ciertas edades, como que nunca me casaría...y mira, aquí me tienes felizmente casada contigo y con tus áureos vellos. Un pensamiento malvado acaba de cruzar por mi mente: Ahora no tienes que perder tiempo peinándote, alguna ventaja tiene que haber en raparse la cabeza. ¡Oh, que cruel soy! Mi vida, yo a ti te quiero con o sin esa melena de rizos dorados de tu juventud.

Te das la vuelta y veo tu amplia espalda, tan fuerte, tan viril... la de veces que no habré yo recorrido tan impresionante espacio. Es el primer sitio que besé sin tu permiso y sin que te dieras cuenta. Cuando me llevabas en tu moto y yo tenía que agarrarme fuertemente a tu cintura, no podía evitar soltar pequeños besitos en tu espalda. Eso te lo confesé mucho más tarde, como lo de mi fijación por tus antebrazos cuando conduces. Cómo te ríes cuando te lo digo. Mira, es como mi fetiche, a otros le dan por los pies y a mi por tus vigorosos tostados brazos con esa pelusilla dorada que los hace resplandecer a la luz del sol.

¡Cuidado! Cierro mis ojos porque has vuelto la vista hacía mí. Espero un poco y escucho un shhhhhh shhhhhh. El desodorante supongo. Abro lo suficiente uno de mis ojos para espiar tus movimientos. Vale, no hay moros en la costa pero ya te has puesto un bóxer negro. Ahora que estás de perfil observo que apenas ha cambiado tu físico en este tiempo. Los años te favorecen, que injusto para mí que ya no tengo ese vientre plano de veinteañera. Te estás cepillando los dientes, pero ¿porqué no usas el eléctrico? ¡Ah, que lindo eres! No me quieres molestar con el ruido y has utilizado el que tienes en tu neceser para los viajes.

Te vistes con un pantalón vaquero gris gastado y una camisa azul. Rememoro el primer día que subiste a mi casa, llevabas una parecida. Me hace mucha gracia como te abrochas las camisas de abajo a arriba, no es muy habitual. Estás guapísimo. El azul resalta tus ojos ¿Recuerdas aquella noche cuándo te pregunté que de qué color eran? Te ofendió mi duda porqué ya llevábamos unos cuantos fines de semana saliendo. Pero es que siempre nos veíamos de noche y dependiendo de la luz, tus ojos se veían verdes, pardos, ambarinos ... Ahora sé de toda la paleta de colores de la que se dibuja tu mirada según tu humor, el momento del día o la iluminación.

Mmmmmmmm, me encanta el olor de tu perfume. Nunca te he contado que, después de nuestras citas, me dormía oliendo mi pelo. Mi melena atrapaba tu olor y luego lo traspasaba a mi almohada impregnando mis sueños de tu aroma. Eso aún lo sigo haciendo, sólo que ahora te tengo a mi lado para aspirar tu fragancia.

Vuelves a la habitación y cierro mis ojos una vez más. Noto como la cama se hunde tras de mí y escucho atenta. Estarás poniéndote los zapatos. La cama se mueve suavemente cuando te inclinas a por el móvil. El colchón vuelve a levantarse y escucho tus pasos hasta la cómoda. Un tintineo de llaves y me imagino que también te guardas la cartera que dejas siempre al lado. Y tus pisadas me indican que ya estás en la puerta. No puedo reprimir mi enfado al comprobar que te vas. Abro mis ojos arrugando mi frente y estás ahí de pié, mirándome. Escucho tu risa cuando cierro rápidamente mis ojos. Creo que es tarde, ya me has descubierto.

Te haces con hueco para sentarte a mi lado y me acaricias el pelo. Un beso en mi sien hace que suspire y vuelves a reír.

_ Sé que estás despierta _ tu cálida voz en mi oreja me produce un agradable cosquilleo y no puedo evitar que mis labios se extiendan en una enorme sonrisa.

_ Venga, abre tus preciosos ojos...o te tengo que obligar? _ tus dedos comienzan a martillear mi costado y yo comienzo a reír a carcajadas. Conoces todas mis debilidades y las cosquillas son una de ellas.

_ Eso está mejor. Ya te lo dije anoche. Feliz aniversario, mi vida.

Te miro ya tendida de espaldas. Me siento avergonzada al ver lo guapo que estás por las mañanas pensando en el aspecto que debo tener yo con el pelo enredado como un leona y cara de absolutamente dormida, con mis legañas en los ojos. Pero tu sonrisa al mirarme borra todos esos pensamientos.

Recorres con tu mano mi brazo desnudo y fijas tu mirada en mis piernas. Menos mal que tu camiseta me queda enorme y tapa mis vergüenzas. Sabes que mis caderas han ensanchado ligeramente y no me gusta. Te enfadas cuando me acomplejo de ello. Te das cuenta de mi incomodidad y tu sonrisa se vuelve socarrona. Tus manos suben por mis muslos y acarician mis caderas. Se adentran por la camiseta  y yo la agarro con ambas manos impidiendo que la levantes más. Arqueas una de tus cejas hacia mí y me miras maliciosamente.

_ Esta camiseta es mía. Como todo lo que está en ella.

_ Te la devuelvo si me devuelves tú mi ropa interior.

_ ¡Ah, no señora! De eso nada. La tengo a buen recaudo.

_ ¿Botín de guerra?

Sonreímos pícaramente los dos mientras asientes. Fue fácil provocarte esta madrugada. Tus manos terminan ganando la batalla y levantas la camiseta hasta mi ombligo dejándome desnuda de cintura para abajo. Tus dedos acarician mi abdomen y dibujan la línea sobre mi pubis siguiendo la cicatriz de la cesárea, producto del maravilloso regalo que es nuestra hija. Me sobresalto al ver que te inclinas a besarla y exclamas socarronamente.

_ ¡Tranquila, no me queda tiempo para eso! _ y vuelves a taparme con tu camiseta. Observo un brillo maléfico en tus ojos inconfundible.

_ Esperaba a la noche para darte mi regalo, pero quizás te apetezca familiarizarte un poco con él antes.

Mis ojos están abiertos y expectante ante una caja que depositas en mis manos.

_ Disfrútalo. Lee bien las instrucciones y a la noche jugaremos los tres.

Me guiñas un ojo y mi curiosidad se acrecienta por momentos.

_ Recuerda, tenemos una cita Te quiero.

Me das un beso y te marchas con una risa canalla. Yo me siento en la cama y comienzo a desenvolver tu regalo, rasgando ansiosa el papel marrón con flores pasteles que lo esconde. Es obvio que lo has envuelto tú porque tiene cinta adhesiva por todas partes. Tienes muchas cualidades pero envolver regalos no es una de ellas. Mi cara de sorpresa no creo que se me borre en todo el día. No puedo creer que me regales esto. Comienzo a reír y escucho la puerta de casa cerrándose. TE QUIERO





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