domingo, 11 de octubre de 2015

¿Idealizas o amas?

 “Poco a poco fue idealizándola, atribuyéndole virtudes improbables, sentimientos imaginarios, y al cabo de dos semanas ya no pensaba más que en ella”.                           Gabriel García Marquez - El amor en los tiempos del cólera.

¿Amor ideal o idealizado?
Creo que a todos nos ha pasado en algún momento de nuestras vidas que hemos distorsionado la realidad, de manera inconsciente, para que nuestra cabeza y nuestro corazón vivan sumergidos en esa ilusión que hemos inventado a nuestra conveniencia.

Por suerte, la mayoría de veces despertamos de aquella ensoñación y puede que incluso nos horroricemos al descubrir la cruda realidad. Pero mientras dura... ¡ay, mientras dura! Nada ni nadie nos puede hacer bajar del pedestal a quien nos roba el sueño. Por suerte, esa etapa la dejé ya bastante atrás junto con mi adolescencia. No hace falta idealizar porque lo que tengo ya cubre todas mis expectativas. No considero a mi pareja una media mitad, ni busco que me complete o compense mis debilidades, porque yo misma soy un todo y no me considero para nada incompleta. En vez de buscar alguien que encaje conmigo he encontrado quien que me enriquece, fortalece y hace crecer como persona. No es que todo sea perfecto, ni mucho menos, pero la perfección es algo que siempre me ha aburrido. El príncipe azul y eso de "...y fueron felices y comieron perdices" lo dejo para los cuentos, a mí ese mundo ideal me mataría de aburrimiento. Supongo que habrá personas que estén totalmente en desacuerdo y otras que opinen igual que yo, en esto no hay ciencia exacta. Cada cuál vive el amor a su manera, pero aún me sorprendo al encontrarme con gente que siguen viviendo de sus fantasías sin poder enfrentarse a una relación real e imperfecta.

En concreto, todo esto me vino a la cabeza recordando una conversación sobre dos personas que conozco, un  hombre y una mujer. Digo "Hombre" y "Mujer" porque ya no son unos niños precisamente, aunque ellos sigan comportándose en algunos momentos como tal.

Ella vuelve a caer en la misma piedra una y otra vez, probando con distintas parejas y obteniendo el mismo resultado. Hablando con ella me di cuenta de que vive en una realidad paralela... en su mundo todo debe ser perfecto, ideal... la otra persona no debe tener nada que perturbe el modelo de pareja que ha creado en su mente. A ver, opino que está bien soñar con un amor de película o uno de esos de las novelas que tanto nos gusta, pero siendo realistas... NADIE ES PERFECTO, cosa que parece no llegar a concebir. Espera que su pareja actúe según las expectativas que se ha creado ella misma y cuando aquello no ocurre o se ve contrariada se viene abajo la fantasía y termina por cansarse del novio de turno. Después la oyes quejarse de que todos los hombres son iguales, de la mala suerte que tiene en el amor... cuando el verdadero y único problema lo tiene ella, en los mundos de Yupi donde reside su sensatez cuando está en pleno enamoramiento. 

El caso de él es tres cuartos de lo mismo, con la diferencia de que al fin se está dando cuenta de que se está perdiendo oportunidades únicas. Pero su enamoramiento es peor que el del caso anterior, pues ha idealizado una relación que no va a ninguna parte. Ella está casada y le ha advertido que su matrimonio está por encima de cualquier escarceo que pueda tener con él. Tiene todo sin tener nada y eso le hace polvo. Me parece bastante cruel esta situación y me da pena que se aferre sólo a esos pocos momentos de arrumacos que le ha ofrecido su amada-amante. Hasta ahora, ha vivido los últimos meses idealizando la situación y esperando algo que le han dejado bastante claro jamás ocurrirá. Hace unos días bajó de la nube en la que estaba subido y la caída ha sido brutal. El despertar ha sido duro y por primera vez ha sido capaz de ver de cómo es esa relación y ella en realidad. ¡Cuidado! Yo no juzgo a nadie y libremente ambos han estado viviendo a su modo su relación. La amante le había dejado las cosas bien claritas pero él, en pleno éxtasis pasional y afectivo, creía ver una doble intención en sus palabras, una incitación a luchar por algo que desde el inicio tenía los días contados. Cuando le advertías que volviera a poner los pies en la tierra te mandaba lejos, con la típica frase: "Vosotros no lo entendéis. No la conocéis como yo". Todos veíamos una realidad que él era incapaz de asumir, pero... así es a veces el amor.

Por mucho que se empeñen los demás en hacerte ver las cosas desde una perspectiva realista y sensata, si te has encaprichado, enamorado, colgado... llámese cómo se quiera, por más que te muestren lo que ven todos desde fuera, el amor es ciego y te hará ver lo que quieras ver. Pero, tras ese estado en el que andas sobre algodones, tarde o temprano comienzas a ver a la persona que tienes delante, y ahí es dónde comienza verdaderamente todo. Porque amar no es solo quedarte con lo bonito, con lo ideal... sino que también es aceptar las imperfecciones del otro, ser conscientes de las tuyas y encontrar la manera de que todo el conjunto os una mucho más. Enamórate de sus imperfecciones... y si no eres capaz, olvídate, no hay mucho más que hacer por esa relación. 

Si se intenta amoldar y cambiar personas o situaciones, consciente o inconscientemente, para que sean afines a nuestros gustos y forma de ser, y todo para que nuestra fantasía cobre vida, vamos de culo. Todos somos un Yin y un Yan, lo bueno y no tan bueno vienen de la mano y es lo que nos otorga una personalidad única. Hay una frase que escuché por ahí, desconozco su autoría, pero que resumen muy bien esto último: "Si no vas a amar sus demonios, no intentes sacarla del infierno". 

¿Y tú? ¿Idealizas o amas?

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jueves, 1 de octubre de 2015

Estamos de promoción...

Hace mucho que no escribo en este blog, pero como habréis visto ha sufrido algunos cambios de imagen. Estoy entusiasmada con el nuevo look... aunque aún no he acabado de ponerlo a punto, pero todo se andará ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Estoy deseando saber que pensáis.

Por otro lado quería avisaros de que "Siempre tuya" está de promoción, y encima por partida doble. Este mes de Octubre podréis encontrar la versión digital en Amazon a 0,99€ ¡Genial, ¿verdad?! Pues eso no es todo, porque en Libros paraíso romántico tenéis la versión en papel a 10€ con dedicatoria personalizada incluida ¿Lo sabías? 

Así que no esperéis más, aprovechad esta oferta y no os quedéis con las ganas de conocer a Joan y Emma... la historia de un primer amor que deja huella.


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lunes, 1 de junio de 2015

Y todo vuelve a empezar...

¡Hola! Hacía tiempo que no me pasaba por aquí. 

Os preguntaréis el motivo de mi ausencia tantas semanas, estoy segura de que muchas andaréis con ganas de agarrarme de los pelos por dejar parada, en un momento tan crucial, la historia de Aiden y Alba... pero esta vez tengo una gran noticia.

A veces, tienes todo pensado, todo organizado y un acontecimiento cambia todo lo que dabas por sentado. Las cosas que no planeas y que no esperas se pueden convertir en lo mejor que te puede pasar en la vida. Un regalo me ha llegado por sorpresa y es lo que me ha tenido alejada de toda esta locura de contar historias, que ya forma parte de mi día a día. 

He estado muy cansada, agotada... apenas podía leer una página antes de caer rendida y escribir tampoco me ayudaba mucho a mantenerme despierta. Así que he preferido tomarme estas semanas como una especie de vacaciones, hasta que mi cuerpo se acostumbre al nuevo inquilino o inquilina que lo habita. Sí amigas, voy a ser mamá por segunda vez y cada día estoy más feliz por esta bendición que ha llegado sin avisar, pero que vivimos con la misma ilusión y ganas que sentimos con nuestra primera hija.

Ahora que estoy al termino del primer trimestre parece que mis ganas por seguir contando mis historias pueden más que el sueño, cosa de la que me alegro enormemente. Tengo que aprovechar para concluir los proyectos que tengo pendiente... y solo tengo hasta final de año!!! 

Espero que no os haya parecido muy larga la espera y también quería agradeceros que sigáis por aquí... ahora soportando mis cambios hormonales y mis temores ante los cambios que se avecinan. Creo que saldrán grandes historias de todo esto, miles de ideas se agolpan en mi cabeza deseosas de que les de forma y que al fin vean la luz. No os defraudaré, os lo aseguro. Tengo mucha ilusión por mostraros las últimas novelas en las que estoy trabajando y espero tener noticias pronto.


Muchos besos... y prometo que me veréis ya más seguido por aquí para contaros más sobre Aiden y Alba jejeje



sábado, 18 de abril de 2015

Y AMAR TODO DE TI - Capítulo 4

Capítulo 4



—¡Alba! ¡Ya estoy en casa! —anunció con entusiasmo.
—¡Estoy arriba, Oliver! —se oyó la voz de la joven desde el piso superior.


Oliver subió de dos en dos los escalones y fue en su busca. Cuando llegó al dormitorio se encontró a su chica sentada frente al armario, con un montón de zapatos y ropa tirada por los suelos.


—No encuentro la manera de que quepa todo esto en este diminuto vestidor. No sé cómo arreglar todo este lío —se quejó mientras su novio comenzaba a reírse mientras sorteaba todo aquel laberinto desordenado en el que se había convertido su dormitorio.


Alba se giró y contempló la hermosa sonrisa que Oliver lucía en su rostro. Desde que se había mudado con él, Oliver parecía estar de mejor humor que nunca.


—¿A qué no adivinas quién ha venido a visitarme a la clínica? —preguntó tras darle un beso.


Alba enarcó sus cejas y se encogió de hombros. No conocía demasiada gente en Edimburgo como para aventurarse a probar suerte con la adivinanza. Seguramente no sería ninguno de los pocos amigos de Oliver que ella conocía.


—Angie, la hermana de Maggie. He quedado con ella y unos amigos más para salir a tomar algo. Dice que está deseando verte.


A Alba se le torció el gesto, pero compuso el semblante para que Oliver no notara su indignación. En la boda, Angie se había dedicado a coquetear con Oliver y ambas tuvieron algo más que palabras en el tocador de señoras. De aquello no se enteró nadie, pero harta de ver como aquella descarada se restregaba sin disimulo contra su novio,  no le quedó otra que tomar cartas en el asunto. Un bofetón y un jalón de pelos… poco fue lo que dio después de que Angie le confesara, sin reparo alguno, que estaba provocando a Oliver porque sabía que Alba no era mujer para él, que era demasiado niña para un hombre tan hombre. Quería demostrar a Oliver que una mujer más madura y con experiencia en la vida, podía ofrecerle mucho más que una jovencita recién salida de la universidad que no tenía donde caerse muerta.


Era cierto que Oliver y Alba se llevaban unos cuantos años, concretamente diez, pero aquellos insultos y esa intromisión en su relación era intolerable.


—¿Alba? ¿Me has oído? —le gritó Oliver desde el baño, donde estaba a punto de meterse en la ducha—. Deberías ir arreglándote, cariño.


La joven tomó aire, estaba a punto de contarle a Oliver todo lo que aquella bruja le dijo, pero luego recapacitó. No lo haría. Quizás era lo que Angie estaba buscando, que le diera un motivo a Oliver para pensar que hacer aquellas acusaciones demostraba su inmadurez.



Miró toda la ropa que aún andaba esparcida por la habitación. Por las pocas salidas a cenar que había hecho con Oliver en estas escasas semanas en la cuidad, se había dado cuenta que la gente iba bastante arreglada. Volvió a mirar el desastre que había ocasionado su repentina manía de organizar el armario y casi le entraron ganas de llorar. A estas alturas de Junio en Edimburgo rondaban una temperatura agradable, pero por la noche seguía refrescando un poco, llegando a rozar los 7º de mínima. No sabía que ponerse, para variar. Estaba harta de tanto día nublado, tanto chubasco y tanta tormenta… echaba de menos el sol de su Cádiz, la luz de sus calles… poder salir una noche en vaqueros y zapatillas de deporte y que nadie te mirara raro y, sobretodo, echaba en falta a su hermano y a su abuelo. Estaba deseando que Oliver pudiera tomarse unos días de vacaciones y regresar a su casa, aunque solo fuera por un par de semanas. Necesitaba un respiro. La morriña tras tantos meses alejada de su tierra se hacía insoportable.
           


Hacía fresco y agradeció llegar por fin al bar donde habían quedado con Angie y los amigos de Oliver, un local de moda situado en una de las calles que salían de Princess Street.
           
Al entrar, Alba comprobó como en la decoración se mezclaba magistralmente todo el encanto de los pubs escoces de siempre con una estética más moderna. Las paredes oscuras y los asientos curvos con cuerpo de madera en tonos nogal, estaban tapizados  en cuero negro, con un acolchado especial de aspecto mullido y botones repartidos geométricamente, al estilo de los clásicos sofás Chester; que iban a juego con el revestimiento de la barra también en capitoné. Aquello contrastaba con la madera antigua de suelo y dinteles y con el dorado de otros detalles ornamentales del techo y de las lámparas de araña con lágrimas de cristal que iluminaban la estancia.


Aquel local tenía varias salas y ellos pasaron a una de las más grandes, donde el resto de la comitiva les estaba ya esperando.


—Disculpad el retraso —se excusó Oliver.
—Lo importante es que ya estás aquí… estáis aquí —dijo Angie con verdadera malicia, recorriendo con la mirada el atuendo de Oliver, que se había acercado a saludarle.


Alba estuvo a punto de abalanzarse sobre ella y arrancarle la trenza morena que lucía aquella descarada. Ya lo había hecho con Caylin y su novio en la despedida de soltera. Pensó que todo aquel jueguecito se debía a las copas que llevaba encima y el ambiente distendido en el que transcurría la despedida, pero ahora, tras lo de la boda y esto, se daba cuenta de que Angie parecía ser una enamorada de lo ajeno.


Se acercó a Alba y le saludó como si todo lo que pasó en aquel tocador no hubiera pasado. La española trató de disimular lo poco que le agradaba su compañía, pero ante la cara de pocos amigos que le dedicó a Angie, esta tras presentarles a sus amigos, volvió a su asiento con una sonrisa bastante sospechosa.


—Estás preciosa, Alba —Todd se acercó en último lugar y le dio un beso en la mejilla.


Agradecida de ver una cara conocida, se sentó junto al compañero de Oliver, esquivando la compañía directa de la morena roba-hombres. Todd y su novio trabajaban juntos en la clínica veterinaria y Alba había tenido ocasión de hablar con él varias veces. Era un chico bastante simpático, de sonrisa sincera, ojos verdes y de cabellos rojizos.


—¿Por qué no habéis pedido mesa en la otra sala? Es mucho más tranquila que esta —preguntó Oliver mientras se sentaba, casualmente en el único asiento libre junto a Angie.


—Bueno, parece ser que la señorita quería ver la actuación de un grupo nuevo que toca esta noche —dijo Peter, uno de los amigos de Angie, mientras apuntaba con el dedo a la morena.


—Es un grupo buenísimo… ya lo he escuchado en otras ocasiones y os aseguro que no tienen desperdicio —Angie dedicó una sonrisa malintencionada a Alba—. Estoy segura de que serán completamente de tu gusto.

           
En aquel mismo momento la banda de músicos subía al escenario. El corazón de alba comenzó a latir acelerado. 


Todo el ruido que pudiera haber en la sala parecía haberse apagado. Las figuras de los asistentes eran solo meras sombras, que desenfocadas se perdían en el espacio. Toda la luz provenía de unos ojos azules eléctricos, que clavaban su mirada en los de ella como si nada más existiera para ellos.

viernes, 10 de abril de 2015

Y AMAR TODO DE TI - Capítulo 3

Capítulo 3


Angie voló hasta la mesa donde se encontraba Alba con el atractivo músico, y lo hizo como si de un ave rapaz se tratara, con el ojo puesto en su presa y las garras preparadas para no dejar escapar tan suculento bocado.

—¡Mmmmm! ¡Qué bien acompañada te veo, Alba! —dijo coqueta la escocesa, sin apartar sus celestes ojos de Aiden—. No nos han presentado. Yo soy Angie, la hermana de la novia.
—Encantado, Angie. Yo soy Aiden —contestó disimulando la animadversión que siempre le causaba este tipo de amigas; esas chicas que interrumpían su ritual de cortejo a sabiendas que su interés se centraba en la otra joven.

Una vez había cumplido con la presentación, Aiden se volvió de nuevo a contemplar el cautivador rostro de la joven española. Angie agitó la hucha haciendo que el sonido de las monedas reclamara la atención del músico.

—¡Aiden! Ya sabes lo que toca —dijo Angie mostrándole la hucha y poniéndole morritos.

Aiden le miró con gesto serio, enarcó una ceja y no dijo nada. La chica, al comprobar que el músico no captaba la indirecta, se precipitó hasta su boca. En el último segundo esquivó el beso de Angie, ante la mirada atónita de Alba, que no sabía si reír o apoyar a la hermana de su amiga.

—Pero… ¿a ti que te pasa? —Angie no entendía nada, se sentía profundamente ofendida.
—Prefiero pagar por un beso que merezca la pena —soltó Aiden mirando fijamente a Alba, sin importarle las miradas de desprecio que le dedicaba la recién divorciada.
—¡Ah, no! ¡Ni se te ocurra! No vendo mis besos —repuso la española adivinando sus intenciones.

Aiden sacó de su bolsillo los sesenta y cinco peniques que la chica del gorro rojo había arrojado a su vaso de café vacío. Los puso en la mesa sin apartar sus azules ojos de los marrones de ella.

—¿Es una broma? Ya te he dicho que yo no vendo mis besos… y mucho menos por tan poco.

Aiden fue más rápido que ella y sujetó su cara con ambas manos mientras posaba sus labios en los de Alba. Era mucho más tentador, casi salvaje el sentir como ella se resistía al asalto y que su boca, poco a poco, cedían y se acostumbraba a la pasión de la suya. Finalmente, se separó con cuidado. Dejando desnudos unos labios rojos por la intensidad de su beso. Ya había obtenido su premio, un precioso e inesperado regalo. Ella permanecía quieta, con los ojos cerrados. Aiden pensó que aquel beso había surtido el efecto deseado y su rostro mostró una sonrisa de satisfacción. Entonces Alba despertó del estado de trance en que se había sumido, abrió los ojos y le arreó una bofetada.

Sin inmutarse, Aiden depositó los sesenta y cinco peniques en la hucha que sostenía Angie, bloqueada por lo que acababa de presenciar.

Bonnie, yo tampoco vendo mi música… pero alguien en la estación de autobuses de Edimburgo pensó que estos peniques eran justo lo que valía mi arte. Y sé que vale mucho más… casi tanto como tus besos, Alba.

Dicho esto se levantó y se perdió tras una puerta anexa al escenario ante la incrédula mirada de Alba.La forma de pronunciar su nombre había hecho que su corazón diera un vuelco y comenzara a latir tan fuerte que creía que iba a salirse de su pecho. Sus sentimientos se entremezclaban, mantenían una lucha feroz ente sentirse agraviada o alagada por aquel insolente escocés.

* * *

El día de la boda había llegado. Tantos preparativos para que en apenas un suspiro todo acabara. Pese a los nervios de la novia durante la ceremonia, todo había salido a la perfección. Esa mezcla de tradiciones antiguas de las Highlands y las más modernas eran realmente romántica.

Oliver, al igual que los demás amigos del novio, vestía el famosísimo kilt. Alba jamás había visto a su novio con el tradicional traje escocés, así que mientras se vestían en la habitación de su hotel pudo observar con detenimiento como el joven iba colocándose cada prenda. Era todo un ritual y el resultado final le pareció mucho más sexy de lo que a priori esperaba.

Oliver era un hombre alto, con el pelo del color del trigo maduro, de un pardo dorado que iban perfecto al azul aciano de su mirada. Sus labios gruesos y su marcada mandíbula le otorgaban seriedad y dureza, pero sin restarle belleza. Alba no había perdido detalle de su atuendo y curiosa, había estado preguntando por todos los detalles que acompañaban al famoso kilt. Estaba sujeto con una hebilla en la parte frontal inferior de la falda y un cinturón y correa de cuero colocada alrededor de la cintura, de la que colgaba una especie de bolsa llamada sporran, o sea, monedero en gaélico y que iba decorada con una chapa metálica. Oliver optó por seguir el protocolo y complementó su atuendo con una camisa y la correspondiente chaqueta, una Prince Charlie jacket con pajarita. Llevaba unos calcetines largos de lana, doblados a la altura de la rodilla y sujetos con unas ligas decoradas con dos tiras de tela, las garter flashes. Sus zapatos iban atados por encima del tobillo por unos cordones, un calzado denominado ghillie brogues. Algo que había llamado poderosamente la atención de Alba fue el pequeño cuchillo que llevaba sujeto en una de las ligas, pero Oliver se encargó de informarle que el sgian dubh era simplemente un puñal ornamental.

Ya bastante cansada por el baile y con ganas de quitarse los tacones, llegaban al hotel donde se alojaban en Glasgow. Hacía dos semanas que Alba se había instalado en el apartamento de Oliver, porque el que compartía con Maggie había tenido que dejarlo. Marchó a Edimburgo justo después de la despedida de soltera de su amiga, después de aquella noche en la que un descarado escocés le había robado un beso… y aunque se apresuró a restarle importancia, el hecho era que de vez en cuando se sorprendía recordando aquel excitante momento en el que se olvidó del mundo por un instante.  

Hacía un año que Alba había terminado la carrera de Historia, que gracias a una beca pudo cursar en la universidad de Glasgow. Entonces hubiera preferido que su destino hubiera sido Edimburgo, porque así tendría cerca a Oliver; pero todo este tiempo con sus amigas no lo cambiaba por nada. Habían sido dos años de locos y, aunque echaba de menos a su familia, se había rodeado de buenas amistades. Ahora, tras verles en la boda, se daba cuenta de que les extrañaba muchísimo.

—¿En qué piensas? —preguntó Oliver al verla tan callada mientras comenzaba a desvestirse.
—En nada —contestó devolviéndole la mirada y perfilando una dulce sonrisa en sus labios.

Oliver le observaba apoyado en el quicio de la puerta. Estaba prendado de la sensualidad de sus movimientos, de la hermosa visión que suponía tener frente a él aquella belleza racial, tan distraída y ajena a la atracción sentía por ella.

—Deja que te ayude —dijo con voz ronca, acercándose hasta Alba que intentaba desabrocharse el vestido añil de dama de honor, ceñido a su silueta con diversos drapeados y con una amplia falda que se abría hasta mitad del muslo con una sugerente raja.
—Todos piensan que nosotros seremos los próximos —susurró Oliver en su oreja, haciendo que su piel se erizara.
—¿Lo dices por lo del postre?
—Bueno, eso también cuenta. Creo que es una señal.
—Ha sido trampa. Maggie ha colocado el anillo en mi copa aposta.

Oliver sonrió al oír aquello; sabía que era cierto pero no deseaba otra cosa que no fuera el obtener un por parte de Alba, que ya se demoraba demasiado en decidirse.

—Es una tradición, cariño. Quién encuentre el anillo escondido en el Cranachan será el próximo en casarse, así que tú serás la siguiente.
—Oliver, ya lo hemos hablado —Se removió incómoda, no quería volver a tocar el tema—. Aún no. Lo sabes… no me siento preparada para dejar todo, para dejar mi familia, mi país, mi ciudad...

Oliver notó la tensión en su voz y decidió dejar el asunto. Llevaba muchos años tras Alba, y ahora que había conseguido conquistarla no quería precipitarse y fastidiar todo.

—Está bien, no insistiré más… Al menos, dime que te gustó el postre. Vi como te atiborrabas de la crema batida, whisky, frambuesas y miel… con anillo incluido. Temí que te lo zamparas también —bromeó para que Alba se relajara.


Oliver estaba encantado de que por fin, su chica, después de tantos años hubiera dado el paso definitivo para que la relación avanzase. Quizás no tanto como él deseaba, pero Alba había pasado de estar algunos fines de semana con él y alguna que otra temporada, a dar el paso y por fin vivir bajo el mismo techo. De momento se apañaban bien con su sueldo de veterinario, pero esperaban sumar algo más de ingresos pronto. Le encantaba llegar a casa después de trabajar y encontrarse con Alba, su Alba. No quería presionarla más de lo debido, sabía como se las gastaba su chica y lo pronto que haría las maletas si se viera atrapada.