sábado, 31 de agosto de 2013

Mujer + Literatura erótica



Parece que libros, como la actualmente popular trilogía de las Cincuenta sombras de Grey de E.L.James, ha puesto de moda el sexo BDSM y son muchas personas las que se acercan con curiosidad a estas prácticas o al menos a las más "vainillas". Desde el más profundo respeto y el poco conocimiento que puedo tener del tema, sumado a lo que llevo leído de la trilogía, me parece que es una visión un poco idealista y  romántica de lo que sería una relación de esta corriente. No es ni por asomo el mejor libro que ha pasado por mis manos, y quitando algunos pasajes que me llegan a aburrir, y que además es innegable que se creó originalmente como una fanfiction de la saga "Crepúsculo", en general debo decir que la trama me entretiene. Pero lo que más me gusta es que por fin se hable de la literatura llamada "erótica" con naturalidad y sirva de inspiración. 

Hay bastante detractores de este género que creen que esta saga está sobrevalorada y abundan comentarios despectivos circulando por ahí, refiriéndose a él como "porno para mamá" o cosas por el estilo. La realidad es que se ha convertido en uno de los mayores fenómenos de ventas de la actualidad, y guste o no ha abierto el camino a otras muchas otras novelas de esta índole. Debo decir que sin duda ha ayudado la proliferación de los libros electrónicos, mas discretos y que evitan miradas desdeñosas de las que yo misma he sido objeto alguna vez.  Lo que llama positivamente mi atención es que seamos cada vez más mujeres las que hablemos de sexo, sin que tengamos que sentir vergüenza o tener que aguantar escandalizados comentarios de un sector contagiado de un puritanismo hipócrita. Me parece realmente liberador.  

Literatura erótica ha habido desde la antigüedad y siempre la habrá, con más o menos censura. Leí, no recuerdo dónde, unas declaraciones de Erika Lust, pionera de la llamada pornografía feminista, en la que daba su opinión de porqué la mayoría de escritores de estos libros eran mujeres. Ella decía que era "porque cuando los hombres escriben un libro de alto contenido erótico, se llama, simplemente literatura", una frase que se me quedó clavada.

Como mujer y lectora me identifico mucho más con la visión y percepción de autoras que comparte la misma psique femenina que yo, y huye de lo que hasta ahora venía estipulado desde un género eminentemente masculino. Cuando en alguna ocasión algún hombre nos pregunta porque no nos gusta en general el porno a las mujeres, le contesto que personalmente, me cuesta identificarme con los estereotipos que no tienen nada que ver conmigo, para ello necesitaría personajes que me emocionen y una buena historia que no sólo me evoquen placer físico, sino también emocional. Eso, de momento no abunda, pero en cambio en la literatura encuentras multitud de títulos que sí logran esta conexión con el lector y traspasa los límites de tus fantasías, no porque las que las quieras hacer realidad sino por el simple y puro placer de dejarte arrastrar un lugar de tu mente donde todo es posible.

 Y si no, como dice mi madre "Para gustos... los colores" 




viernes, 30 de agosto de 2013

Relato suelto 2

Por fin Viernes. Como comenté anteriormente, comencé un relato corto pero se fue haciendo cada vez más y más largo. La idea original se complicó y casi se está convirtiendo en una novela. Así que de momento no la publicaré. Pero el otro día escribí una divertida historia sobre un reencuentro que me gustaría compartir. No suelo creer en las casualidades, pero a veces las cosas ocurren porque tiene que ser así. Aquí os la dejo.


DIVINA PROVIDENCIA




El día ha empezado mal y ha ido a peor. Esta mañana el despertador no ha sonado y he tenido que saltar de la cama a la ducha en un satiamén. En medio de mi precipitada ducha se ha acabado el agua caliente, cosa que en cierta manera me ha ayudado a despertarme de inmediato. Voy a subir al ascensor y está estropeado. Me toca bajar cinco pisos y con las prisas y los tacones casi me estampo contra el suelo. 

Salgo a la calle y compruebo que el cielo está bastante gris, a juego con mi mañana. Voy hasta mi coche y el muy puñetero no arranca. No me lo puedo creer. Me tomo unos segundos, respiro hondo y salgo pitando para la parada de autobús. Llegando yo, el bus que se iba. Gracias a Dios me ve el conductor y espera a que suba ¡Por fin algo de suerte!

 Llego al trabajo tarde, mi jefa está de mal humor y me dice que me tendré que quedar hasta acabar mis tareas de hoy y recuperar el tiempo perdido. Un montón de trabajo se amontona en mi escritorio. No me despego de mi puesto ni para ir al baño. Un corte eléctrico nos deja sin ordenadores durante unas horas a causa de la tormenta, retrasándome aun más. Al menos he podido aprovechar este paréntesis para comer algo. No puedo salir a mi hora y termino mi jornada mucho más tarde de lo previsto. Cuando voy a salir del edificio las puertas están cerradas. Maldita suerte la mía. Tengo que buscar al guardia de seguridad para que me abra. 

Esto es demasiado, ya es completamente de noche y la lluvia no cesa. Al menos no me he dejado el paraguas en casa. Ando con prisas y cuando giro la esquina un racha de viento vuelve mi paraguas del revés y lo deja inutilizado. Veo venir un taxi y lo intento parar. El auto pasa sin detenerse levantando una gran ola con los charcos de la calzada y me deja empapada. Entonces veo el autobús en la parada y salgo corriendo. Un tacón se me parte y caigo de bruces al suelo. Noto que los ojos de los pasajeros se clavan en mí mientras el bus avanza. Sus miradas lastimeras me hacen llorar. Me alegro de que esté lloviendo para que no se noten las lágrimas. En realidad me da igual, sólo sería una más entre los locos de la ciudad. Sigo sentada en el suelo con el tacón en la mano mientras la copiosa lluvia se hace más intensa y se ceba conmigo. Mirando al cielo grito desesperada ¿Qué le pasa hoy al cosmos conmigo? Un resplandor cegador seguido de un escandaloso trueno es mi respuesta. Definitivamente hay días en los que una no debería levantarse de la cama. 

Un mano se extiende ante mí. Miró hacía arriba y veo unos ojos negros que me resultan familiares. No puedo creer que seas tú. Han pasado muchos meses. Me sonríes y me ayudas a incorporarme. Me retuerzo de dolor al posar mi pié en el suelo, seguramente me lo he torcido en la caída. Sin mediar palabra tu me tomas en brazos como solías hacer y comienzas a caminar bajo la lluvia. No puedo dejar de mirarte, creo que me he golpeado la cabeza al caer y estoy delirando. Tu me devuelves la mirada y vuelves a sonreír. Estoy tan sorprendida de verte aquí que aún no he reaccionado.

Atravesamos la calle y nos detenemos en un portal abierto para resguardarnos de la lluvia. Me acomodas en unos escalones y examinas mi tobillo que está un poco hinchado. Me estremezco al volver a notar tus manos en mi piel. Aún no hemos dicho ni una palabra, pero eso nunca nos hizo falta. Ni siquiera recuerdo porqué lo dejamos. Todo está borroso ahora mismo en mi mente. 

Levantas tu mirada para decirme algo y clavo mis ojos en esa noche oscura de los tuyos. Siempre me he perdido en ellos. Tu pelo mojado sobre tu frente hace que pequeñas gotas de agua resbalen por tu cara y rocen tu boca ¡Oh Dios mio! ¿Por qué me estás tentando? Quiero ser esa gota y evaporarme en el calor de tus labios. Cada poro de mi piel lleva tu nombre y no puedo evitarlo. Me lanzo al vacío sin red y me precipito a tu boca. Con una sola caricia de tus carnosos labios mi cuerpo reacciona y te pide a gritos. Ahora vuelvo a sentir tu gusto, tomo nota de cada matiz de sabores que disfruta mi paladar. Tus manos que estaban en mi tobillo abandonan momentáneamente mi piel mientas te sientas a mi lado sin despegar nuestros labios en la maniobra. Noto como el calor de tus caricias atraviesan mi vestido mojado. Me resulta tan familiar que mi cuerpo tiembla recordando lo que viene después. Un botón menos por aquí, otro por allá, y tus manos ya están recorriendo el camino por el que hace tanto paseaban libremente. Tus pulgares van buscando algo que yo sé. La inercia hace que mis movimientos te faciliten el libre acceso a mis pezones. El sujetador sobra, así que vas a mi espalda y con tus largos dedos lo desabrochas con maestría. Tus besos se desplazan a mi cuello y las cosquillas que me producen me hacen vibrar. Siento como tus manos recorren ahora mis piernas y sujetan mis caderas. Acaricias la parte de mí que manda ahora mismo en todo mi ser. Mis manos vuelan de tus fornidos hombros y ahora recorren tu recio pecho jugando con el vello y van trazando una línea hasta tu abdomen. Te separas un momento de mí y me miras con deseo. Sacas un preservativo del bolsillo de tu pantalón y lo sujetas con los labios mientras me ayudas a quitarte la correa y desabrochar tu bragueta. Rompes el plástico y lo desenroscas sobre tu erección. Nuestra ansía es palpable mientras bajas mis bragas y tomas mi pierna haciéndola pasar por encima de tus rodillas quedando sentada encima de tí. Jalas de mi pelo hacia abajo para que te deje libre mi cuello ante tus besos y mordiscos. Lentamente siento como entras en mí. Me llenas y vuelve otra vez el recuerdo de aquellas sensaciones. Me maravillo al pensar que nuestros cuerpos se reconocen y actúan por inercia. Me gusta que estemos sentados así, cara a cara, porque puedo seguir acariciando tu perfecto cuerpo mientras tu recorres mi cuello, mis hombros, mis pechos... !No aceleres,no! Todavía no !Por favor, no quiero que termine ya! Me lo merezco después del día que he tenido. Parece que escuchas mis pensamientos, es lo que me más me gusta de nosotros, nuestra sincronía. No hay palabras. Me deslizo lentamente notando como entras centímetro a centímetro. Repito la operación a la inversa y te torturo retrasando lo que deseas. Noto tu inquietud y no me hago de rogar. Comienzo a balancear mi caderas dejando que tu seas quien me marque el ritmo y cuando ya noto que no puedes más me uno a ti en una explosión maravillosa. Es un momento único y mágico en el que nuestros cuerpos actúan como uno solo, haciéndonos participes del placer del otro. Latidos y respiración se acompasan y formamos un solo ser de cuatro brazos, cuatro pies y dos cabezas. 

Ha escampado y salimos de la mano. Ya no cojeo, ahora mismo no me duele nada. Deberían probarlo como anestesia. Seguro que hay algún estudio de esto. Sonrío ante mis absurdos pensamientos y tu me miras intrigado intentando adivinarlos. No creo que aciertes, créeme. 

_ No te vas a creer el día que he tenido hoy. Estaba maldiciendo y preguntándome porqué y entonces tropecé contigo.

Lo miro y pienso: "Si supieras tú el mío"     

domingo, 25 de agosto de 2013

Pereza


Siempre termino el fin de semana mucho más cansada de cuando lo empecé y no sólo no hago lo que tenía planeado sino que termino con muchas más cosas pendientes.

Mañana, de vuelta a la rutina ¡Qué pereza!





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